4 Mujeres rebeldes que hicieron posible la independencia de América Latina

4 mujeres latinoamericanas históricas de la independencia

La historia de la independencia de nuestra querida Latinoamérica es apasionante. Todos conocemos las hazañas de los gloriosos comandantes como Bolívar o San Martín que terminaron con la opresión y explotación española de nuestras tierras.

Lo que no es tan conocido (no lo suficiente) es que durante esta ilustre época dominada por grandes hombres, hubieron valiosas mujeres que desafiaron su sometimiento para luchar por la independencia, llegando en muchos casos a ser absolutamente fundamentales.

En honor a estas valientes guerreras, muchas de las cuales nunca sabremos sus nombres, destacamos en este artículo a cuatro cuyo legado forma parte esencial de nuestra rica herencia y cultura latina.

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Manuela Sáenz - Ecuador

Por mucho tiempo la ecuatoriana Manuela Sáenz fue una de las grandes figuras olvidadas de nuestra historia. Esta prócer de la independencia y férrea luchadora por la igualdad de las mujeres fue una visionaria adelantada a su época.

Hija de un comerciante español y una mujer criolla, Manuela nació en Quito el 27 de diciembre de 1797. A pesar de recibir una educación conservadora, siempre mantuvo un espíritu rebelde. Por este motivo huyó del convento donde fue internada y se casó con un comerciante inglés para asegurar la ‘libertad’ del claustro y de sus padres

A partir de ahí, Manuela dedicó su vida a la causa libertaria. Aprovechó su puesto en la aristocracia para espiar, pasar información y planificar las revueltas independentistas.

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Fue justamente en una de estas reuniones donde conoció a Simón Bolívar y se convirtió en su inseparable cómplice y amante. Manuela cabalgó junto a Bolívar por todo el continente, llegando incluso a batallar en el campo su lado.

En 1928, la intuición de Manuela salvó la vida de Bolívar de un atentado cuando astutamente descubrió y distrajo a sus asesinos, permitiéndole escapar por la ventana. Por este acto Bolívar la llamó ‘la libertadora del libertador’.

Tras la muerte de Simón, Manuela fue desterrada y exiliada por los traidores quienes la consideraban un obstáculo impertinente y peligroso. Murió a los 59 años en el abandono de un pequeño puerto Peruano, vendiendo caramelos y haciendo traducciones al inglés.

No fue hasta mediados del siglo XX que su memoria fue rescatada de la fosa común donde fue olvidada y se le devolvió su justo lugar en la historia independentista de nuestro continente.

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Leona Vicario - México

La guerra de independencia mexicana tuvo muchos grandes héroes varones, pero hubo una mujer que fue tan grande como ellos y de la que no siempre escuchamos: Leona Vicario.

Huérfana a temprana edad, Leona creció bajo la refinada tutela de su tío, un respetable abogado. Sin embargo, siempre mantuvo una indomable rebeldía que se intensificó con la llegada al bufete de su tío del entonces estudiante Andrés Quintana Roo.

Impulsada por él y por las campañas libertarias, Leona empezó a colaborar con la revolución como mensajera y espía de los insurgentes, protectora de fugitivos y financista de armas y medicinas.

Al poco tiempo su trabajo a favor de la revolución fue descubierto, por lo que fue encerrada en un convento hasta que su gran amor la rescató.

Luego de huir, Leona y Quintana Roo se casaron y peregrinaron por México, batallando y escapando. Durante esta época, Vicario creó y difundió los primeros periódicos independentistas, labor por la cual se la reconoce como la primera periodista de México.

En 1817, tras dar a luz a su primera hija en la clandestinidad de una cueva, fue apresada por las tropas españolas y forzada a recluirse en la ciudad de Toluca junto a su marido. Por fortuna, la independencia mexicana no tardó en consolidarse y el nuevo estado le restituyó parte de los bienes que le confiscaron durante la guerra.

Leona vivió el resto de su vida disfrutando de su familia y contribuyendo activamente en los diarios. En 1842 murió con tan solo 53 años de edad. Aunque su espíritu seguía fuerte, su cuerpo había quedado muy desgastado por el hambre y el cansancio que padeció durante la guerra.

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Policarpa Salavarrieta - Colombia

Policarpa Salavarrieta o ‘La Pola’ fue una inspiradora y temeraria prócer de la independencia de Colombia. Aunque murió mucho más joven que las otras mujeres de esta lista, su legado fue igual de trascendente.

No se sabe con exactitud cuándo nació pero se cree que fue el 26 de enero de 1795 en la Villa en Guadas. Durante su infancia su familia se mudó a Bogotá, ciudad en donde aprendió el oficio de modista y empezó a enamorarse de los ideales independentistas.

En 1810, tras la noticia del grito de independencia, ‘La Pola’ se trasladó a Santa Fe para ejercer como modista para la burguesía y así poder espiar y pasar información para la planificación de la revolución Santafereña.

Pronto Policarpa se volvió indispensable para la misión patriota, ayudando a reclutar y financiar al ejército de los Llanos. Probablemente su labor nunca hubiera sido descubierta sino fuera porque dos patriotas fueron capturados con documentos que la nombraban.

La situación empeoró cuando su gran amor, Alejo Sabaraín, fue arrestado con material que la comprometía directamente. No tardó en ser arrestada y condenada a muerte junto a Sabaraín y otros revolucionarios.

Finalmente, el 14 de noviembre de 1817 al medio día, Policarpa Salavarrieta fue fusilada con tan solo 22 años. Antes de morir, frente al pelotón de fusilamiento, la gran heroína colombiana exclamó la siguiente frase que resume su vida y lucha:

¡Pueblo indolente! ¡Cuán diversa sería hoy vuestra suerte, si conocieseis el precio de la libertad! Ved que, aunque mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más.
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Juana Azurduy - Bolivia

La gran ‘Libertadora de Bolivia’ Juana Azurduy siempre será una de las mujeres más guerreras y admirables que hayan vivido. Aunque al igual que Manuela terminó olvidada y despreciada, con el tiempo se recuperó su épica historia.

Juana nació el 12 de julio de 1780 en la actual Sucre, Bolivia. Descendiente de mestizos, quedó huérfana durante su niñez y terminó creciendo en el Convento de Santa Teresa. No obstante, su naturaleza insumisa y franca la llevó a ser expulsada años después.

Tras una juventud errática, a los 25 años se casó con Manuel Ascencio Padilla con quien tuvo cinco hijos. Cuatro años después de su unión se desató la revolución independentista de Chuquisaca a la que Juana y su marido se unieron como combatientes.

No era poco común que las mujeres se sumaran a las guerrillas independentistas. Sin embargo, Juana destacó sobre las demás por su osadía y liderazgo al mando del escuadrón conocido como "Los Leales" al que llevó a importantes victorias en el Alto Perú.

En 1810 Juana se unió al ejército del libertador Manuel Belgrano quien quedó tan impresionado por su coraje que la homenajeó entregándole su propia espada. Su proeza más grande fue la defensa de la región estratégica de Villar en 1816. La estrategia que utilizó fue tan audaz que no solo defendió la zona sino que también ganó terreno ocupando el Cerro de la Plata.

En reconocimiento a esta extraordinaria labor el gobierno de Buenos Aires le otorgó el rango de teniente coronel de las milicias independentistas de la región.

Sin embargo, con la llegada de José de San Martín las cosas cambiaron drásticamente. San Martín decidió atacar por el Pacífico, descuidando a los ejércitos del Alto Perú. Como consecuencia Juana y su familia vivieron momentos de total precariedad, llevando a sus cuatro hijos a morir de hambre.

Para empeorar las cosas, al poco tiempo perdió a su marido en batalla. Embarazada de su quinto hijo y viuda, Juana se unió una última vez a la guerra. Lastimosamente su pelotón sucumbió rápidamente ante la arremetida española, y terminó refugiándose en la casi desierta región de Salta.

Cuando Bolivia fue finalmente liberada en 1825, Juana trató en vano de que el gobierno por el que tanto luchó le reconociera las propiedades que le habían confiscado. Lo único que recibió fue una miserable pensión que casi nunca llegaba.

Increíblemente Juana llegó a vivir ochenta y un años bajo una pobreza total. Tuvieron que pasar casi 100 años para que su legado fuera recuperado de la fosa común donde terminó su vida. Sus restos fueron exhumados y trasladados al mausoleo construido en su honor en la ciudad de Sucre. Aunque tarde, Juana Azurduy fue finalmente devuelta a su lugar en la historia.

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