La leyenda Inca de la creación y el dios mendigo Viracocha

mural-inca-peru.jpg

El Imperio Inca o Tahuantinsuyo fue el estado sudamericano más extenso y próspero que jamás haya existido, y el último indígena antes de la conquista. Tristemente, tan solo existió durante poco menos de 100 años, desde 1438 hasta 1533. Cuando la sociedad incaica estaba en su apogeo, fue brutalmente reprimida y exterminada por los españoles.

Hoy en día, millones de personas que habitamos la cordillera de los Andes descendemos de esta rica civilización y lo ignoramos voluntaria o involuntariamente. Lastimosamente, por culpa del ‘blanqueamiento’ de la cultura moderna, nuestra herencia Inca ha sido injustamente menospreciada e incluso olvidada.

Es importante recordar que el valor y significado del Imperio Incaico fue mucho más que el ‘gentrificado’ Machu Pichu. Los incas eran una cultura muy avanzada que basaba su modelo económico y social en el ‘truque’ o intercambio de bienes, y en el bienestar humano y de la madre tierra o pachamama.

Cabe resaltar también que aún existen comunidades incaicas regadas por los Andes, que aún viven y profesan su sabiduría ancestral y a las que deberíamos prestar mejor atención.

Por este motivo, e inspirados por nuestras raíces orgullosamente indígenas, queremos rescatar y resaltar el rico legado artístico y cultural que los Incas nos dejaron en su corto paso por este mundo.

Empezaremos por el inicio, con la ‘Leyenda de la creación del mundo y el dios mendigo’, que cuenta como el dios Viracocha creó todo lo que nos rodea. Comencemos.

Representación del dios Viracocha en la 'Puerta del Sol' en las ruinas de la ciudad de Tiwanacu

Representación del dios Viracocha en la 'Puerta del Sol' en las ruinas de la ciudad de Tiwanacu

La leyenda de Viracocha

"Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo atrás, antes del cielo y las estrellas, el mundo era un lugar frío y oscuro. Hasta que un día, de las profundidades del Lago Titicaca, emergió el todopoderoso dios Viracocha. Con la asunción del pequeño viejo apoyado en su bastón, se desató un espectáculo de olas de espuma brillante que inundaron el desolado universo.

Motivado por su soledad y la necesidad de compartir su sabiduría, el ermitaño dios sopló sobre las rocas que rodeaban el lago y dió vida a gigantes de piedra que poblaron el planeta.

Pero, como los gigantes no tenían corazón ni mente, no hacían más que insultar y desobedecer a su creador. Decepcionado por su obra, Viracocha envió un colosal diluvio que inundó el planeta y mató a los gigantes.

Foto 'Lago Titicaca' - De ahí su nombre Viracocha: ‘Wira’ es quechua para cuerpo de agua y ‘qucha’ significa espuma de mar.

Foto 'Lago Titicaca' - De ahí su nombre Viracocha: ‘Wira’ es quechua para cuerpo de agua y ‘qucha’ significa espuma de mar.

Debía empezar de nuevo. Esta vez, con sus propias manos, creó una nueva especie con barro. Devotamente trabajó en cada uno, haciéndolos a su semejanza y dándoles un corazón para sentir y una mente para pensar.

Quiso también proveer un mejor hogar, más cálido, donde pudieran ser felices sin que les falte nada. De inmediato cubrió el sombrío mundo con fértiles montañas y mares, y los llenó de plantas y animales. Sobre el lago Titicaca puso al Sol, la luna y las estrellas para crear luz que permitiera a los hombres apreciar su obra.

Junto con sus nuevos hijos construyeron la ciudad de Tiwanacu en lo alto de los Andes. Allí Viracocha se dedicó a compartir sus enseñanzas con paciencia: les mostró cómo cultivar y cosechar, qué plantas usar como medicina y que ropas vestir. Pero, sobretodo, les enseñó a vivir en paz y armonía.

Aún se puede ver los 'restos' de los gigantes de piedra que Viracocha creó y destruyó

Aún se puede ver los 'restos' de los gigantes de piedra que Viracocha creó y destruyó

Cuando Viracocha sintió que los humanos estaban listos para vivir solos, decidió regresar a las profundidades del agua. Se despidió prometiendo volver y recordándoles el trágico destino de los rebeldes gigantes, cuyos restos aún estaban regados por las montañas.

Así pasaron los años y la ciudad creció y sus habitantes se esparcieron por toda la región.

Un día, curioso por saber qué fue de su creación, Viracocha regresó al mundo disfrazado de un sucio mendigo. Oculto bajo sus harapos, el anciano recorrió las calles de la ciudad pidiendo limosna y comida. Sin embargo, sorpresivamente fue maltratado y humillado, al punto que hasta terminó siendo expulsado de su ciudad.

Viracocha estaba furioso. Sentía que había sido traicionado y que nuevamente había fallado. Resolvió que lo mejor era destruir todo, pero justo cuando se disponía a desatar otra tormenta, un humilde campesino se acercó para ofrecerle ayuda. El hombre lo llevó a su modesto hogar y le ofreció comida, abrigo y ropas nuevas.

Foto ruinas de 'Tiwanacu' en Bolivia - De acuerdo a la leyenda, Tiwanacu fue la primera ciudad del mundo

Foto ruinas de 'Tiwanacu' en Bolivia - De acuerdo a la leyenda, Tiwanacu fue la primera ciudad del mundo

La generosidad del labrador desbarató la ira de Viracocha. El viejo se dió cuenta que aún quedaban hombres buenos que honraban su legado. Antes de marcharse, recompensó al granjero bendiciendo sus cultivos y salió decidido a perdonar y enseñar.  

Aún como mendigo, Viracocha recorrió uno a uno los pueblos que sus descendientes habían construido. En cada lugar se sentaba a compartir su sabiduría. Al final, bendecía a quienes abrían su corazón y castigaba a los soberbios que le insultaban convirtiéndolos en piedras.

Una tarde Viracocha llegó al último pueblo y completó su misión. Había recorrido cada rincón del mundo y era hora de partir. Al borde del mar, frente a un último puñado de hombres, reveló su verdadera identidad y la razón que le había llevado a disfrazarse de mendigo.

Viracocha vaticinó la llegada de Ayar Manco y Mama Ocllo, los fundadores del Imperio Incáico

Viracocha vaticinó la llegada de Ayar Manco y Mama Ocllo, los fundadores del Imperio Incáico

Finalmente, Viracocha se despidió profesando la pronta llegada de Ayar Manco y su esposa Mama Ocllo, quienes vendrían a unificar y proteger el Imperio Inca.

‘Mi deseo es que sean respetados’, dijo.

Con esto, y ante la mirada incrédula de sus seguidores, el viejo caminó mar adentro sobre el agua hasta que se fundió con el horizonte y desapareció..."

Antes de terminar el artículo, debo agregar un último detalle. Tal vez hayas encontrado paralelismos entre esta leyenda y la historia de la religión católica. Aunque quizás sea una coincidencia, lo más probable es que el mito original haya sido alterado por los historiadores españoles que lo registraron y lo pasaron a las siguientes generaciones.

Seguramente nunca conoceremos la versión pura de esta leyenda. Sin embargo, esto no le debe quitar mérito a la leyenda que conocemos ya que, a pesar de posibles influencias, sigue representando el espíritu generoso y sabio del pueblo Inca.

¿Te gustó el artículo? ¡Comenta y dale ‘like'!

Trending


Publicidad


Facebook


Instagram