Diarios de Viajeros: Una Colombiana aventurera en Hong Kong

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Vivir en Hong Kong es mucho menos un acto de locura que lo que muchos imaginan, aunque no le falta nada de aventura. Eso sí, todo depende de la perspectiva, pues a mí ya nada se me hace tan raro. Siempre me ha llamado la atención lo diferente y por eso, incluso antes de entrar a la universidad, tenía claro que quería hacer un semestre en el extranjero, idealmente en Hong Kong.

Siendo honestos, mi carrera universitaria en sí ya es una experiencia internacional pues soy colombiana y estudio en Estados Unidos. Pero para mí, incluso Colombia es el extranjero. Mis países de residencia han sido tan mixtos y de varias duraciones que mi país de origen solo ha tenido un espacio ‘vacacional’.

De pequeña estos cambios me ofuscaban, sobre todo siendo una niña tímida cansada de tener interacciones incómodas con niños desconocidos e indescifrables. Pero todo cambia. Con el tiempo esto se vuelve costumbre y hoy en día un nuevo lugar me aburre rápidamente y busco la emoción de estar en lo desconocido otra vez.

Hong Kong es el bosque de concreto que todos tenemos en mente, pero también un paraíso natural.

Hong Kong es el bosque de concreto que todos tenemos en mente, pero también un paraíso natural.

Después de mudarme 6 veces a ciudades distintas, casi que instintivamente, decidí volar a una séptima por curiosidad de saber cómo era vivir en Asia. Ya habiendo viajado a Europa, y teniendo deseos de vivir ahí en el futuro, no me parecía que valía la pena desperdiciar la oportunidad de ir a cualquier parte del mundo con algo tan cliché como Francia.

Además, Hong Kong quedaba al otro lado de la tierra, a 12,742 kilómetros cortando a través de ella, con una diferencia horaria de 12 horas, lo que me resultaba tremendamente fascinante.

Cuando compartía mis planes, muchos pensaban que me estaba sacrificando por completar algún requisito de mi universidad. Pero en realidad, para mi era un gran sueño por cumplir, uno que sabía que sería extraordinario.

Y así fue; 4 de los meses más felices de mi vida.

Hong Kong es todo lo que te imaginas de él y todo lo que no al mismo tiempo. Es el bosque de concreto que todos tenemos en mente, pero también un paraíso natural. Es una yuxtaposición completa escrita en cantonés e inglés. Un mundo de ricos y pobres, ambos viviendo en apartamentos demasiado pequeños considerando sus ingresos, pero en edificios tan altos que a cualquier persona de un país tercermundista le parecería un lujo por fuera.

Es un lugar sobre poblado y ruidoso en la isla central, y totalmente pacífico a pocos kilómetros; de vida superficial y materialista, infestada de Gucci y Cartier (originales y falsos), pero también de tradición y sencillez en las comunidades pescadoras de las afueras.  

Fotografia: Christopher Lim

Fotografia: Christopher Lim

Si hay algo de lo que nadie se puede quejar, es de la paz y tranquilidad que se siente allí. Las amenazas del crimen común y la intimidante grosería que se sienten en otras metrópolis son prácticamente inexistentes en Hong Kong. La actitud comunitaria y calmada de la cultura continental persisten y, pese a la cantidad de gente, la ciudad fluye con armonía y eficacia.  

Eso sí, son un poco reservados. Después de 4 meses de vivir y estudiar en una universidad de mayoría china, logré hacer solo tres amigos locales. En realidad dos. Uno más bien estaba enamorado de mí y rápidamente empezó a evitarme luego de notar mi desinterés romántico y mi falta de afecto físico que él esperaba de mi por ser latina.

Otra en cambio estaba demasiado encantada con mi español, y si bien quedamos como amigas, aún me quedan dudas sobre sus verdaderas intenciones. No los culpo. A fin de cuentas, los latinos somos una especie exótica allá.

En todos estos lugares, uno puede realmente sentir que está en Europa o Estados Unidos (o cualquier lugar menos Asia)

En todos estos lugares, uno puede realmente sentir que está en Europa o Estados Unidos (o cualquier lugar menos Asia)

Amigos locales o no, es fácil ser feliz en Hong Kong. La ciudad es diversa y fascinante gracias a la cantidad y variedad de gente que lo hace posible. La vida nocturna tampoco falta: cualquier día de la semana puedes ir al distrito de las discotecas llamado Lan Kwan Fong o a los bares abiertos en Soho, o los miércoles a Wan Chai después de las carreras de caballos en Causeway Bay.

En todos estos lugares, uno puede realmente sentir que está en Europa o Estados Unidos, (o cualquier lugar menos Asia), por la falta de cantonés y personas con los rasgos característicos de la región que son reemplazados por multitudes de gente de cada rincón del planeta. Esta diversidad provee algo para cada gusto y mucho para aquellos que les gusta gozar de todo un poco.

Además de vida nocturna hay una cantidad de caminatas naturales innumerables, sin contar las urbanas, que son un espectáculo de luces y megaconstrucciones vertiginosas. Pero en el ámbito natural, hay playas cristalinas rodeadas por verdes paredes rocosas, algunas cerca de las pocas mansiones que existen en los tan preciados metros cuadrados de Hong Kong.

La espiritualidad china se encuentra repetidamente en los sitios más inesperados. Hay casi igual cantidad de templos en los suburbios como incrustados bajitos al lado de los rascacielos. La comida local es en general una mezcla de la europea con la china, aunque también se las puede encontrar a las dos por separado, sumándole aquellas que no tienen nada que ver con el lugar como mexicanas y argentinas.

Hay casi igual cantidad de templos en los suburbios como incrustados bajitos al lado de los rascacielos.

Hay casi igual cantidad de templos en los suburbios como incrustados bajitos al lado de los rascacielos.

Y, si por alguna razón Hong Kong no es lo suficientemente emocionante y único, llegar al territorio culturalmente aislado de China queda a un paseo fácil y corto por MTR (subterráneo de Hong Kong).

Ahora que menciono China, es esencial que recalque que Hong Kong y el gigante asiático no son lo mismo. ¡Si fuera así no hubiera sido tan loca de irme allá tan tranquila! A pesar de ser legalmente parte del país, y de que la gente sea fisicamente igual, en la práctica son dos mundos aparte.

La gente de Hong Kong es abiertamente orgullosa de no ser de China continental por tener la libertad de expresión que al otro lado no existe. Basta con constatar lo difícil que es acceder al wifi hasta en el aeropuerto internacional de Shanghai (o quizás solo fue mala suerte mía).

China no es para todos. China es un lugar maravilloso y diferente como pocos lugares que he ido, pero sumamente estresante de recorrer y no apto para gente nerviosa. Hong Kong es el punto medio ideal y sobretodo bilingüe, aunque de manera precaria. Pero, ¿cómo culparlos si aprender aunque sea un par de frases en cantonés es un reto total?

China es un lugar maravilloso y diferente como pocos lugares que he ido, pero sumamente estresante de recorrer y no apto para gente nerviosa.

China es un lugar maravilloso y diferente como pocos lugares que he ido, pero sumamente estresante de recorrer y no apto para gente nerviosa.

Después de 4 meses no logré ni decir bien la frase más común, “m goi”. El tono no me salía y, aunque era casi la mitad de lo que la gente decía (significa gracias, permiso y perdón), creo que nadie nunca realmente me entendió. ¡Y ni hablar de leer! Nunca fue ni siquiera una meta alcanzable. A lo mucho sé unas cuatro palabras.

Hasta ahora me río sola recordando ‘ridículos’ como cuando quería hacerme la intelectual y decir hola o gracias, y terminaba haciéndolo en mandarín en vez de cantones. O miraba antes de cruzar la calle solo para darme cuenta que fue inútil porque miré al lado incorrecto. Cosas así llenaban mis días en Hong Kong, ¡incluso después de cuatro meses!

Estas y otras ‘derrotas’, como la vez que el profesor dió toda la clase en cantones a pesar de ser una universidad en inglés, terminaron siendo anécdotas muy graciosas. Sin duda, ningún día fue aburrido entre palillos chinos, alcoholes con sabor a especias, cantidades absurdas de arroz blanco, té con burbujas, verde, negro o hasta mezclado con café, chinos de China, de Hong Kong y otros que ni saben quién fue Mao Zedong pero parecen ser de ahí.

Saber y entender ‘pequeñeces’ como que a los Hongkongeses les parece ofensivo ser comparados con los de China, y aprender sobre conflictos tan distantes a nuestros hogares, inesperados y quizás irrelevantes, son lo más bello de vivir en un lugar tan 'alienígeno' al de uno.

Yo, Laura o Lau como me dicen, de fiesta en Hong Kong.

Yo, Laura o Lau como me dicen, de fiesta en Hong Kong.

Con el tiempo he llegado a pensar que a veces la incomodidad es más amena que la monotonía y la ausencia de sentirse realizado al superar nuevos obstáculos. Además, cada nuevo lugar al que voy me hace apreciar mas de donde vengo. Ahora que estoy en Colombia, nada me hace mas feliz que encontrarme en el bullicio, desorden y afecto de mi país, del amor de mi familia y el placer absoluto que es una arepa con queso.

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