Viaja con Elegancia Tropical a la increíble y surrealista 'Cabo de la Vela' en, Colombia

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Cabo de la Vela es un lugar difícil de explicar. Si lo describimos literalmente, diríamos que es un pequeño poblado al borde del mar ubicado en la península de la Guajira, en el extremo norte de Colombia. Diríamos también que esta zona es árida y que está apenas poblada por los nativos Wayúu. Pero, aunque todo esto es técnicamente cierto, el verdadero encanto de este lugar va más allá.

Quizás sería más efectivo compararlo con ‘La persistencia de la memoria’ de Salvador Dalí. Entrar a Cabo de la Vela es justamente como entrar a ese mundo surrealista, a ese desierto ausente, a esa playa ajena, a ese lugar lleno de paz donde los relojes y el tiempo se han derretido. Eso es Cabo de la Vela.

La persistencia de la memoria - Salvador Dalí (1931)

La persistencia de la memoria - Salvador Dalí (1931)

¿Cómo llegar?

Pero bueno, vamos desde el inicio. Como dije antes, Cabo de la Vela está ubicado en la remota y desolada península de la Guajira. Es un lugar reservado exclusivamente para aventureros por lo difícil y largo que es el camino hasta él. El viaje empieza lejos, en la terminal de buses de Santa Marta.

Desde ahí es necesario tomar un bus hasta Cuatro Vías, una terminal improvisada en medio de una intersección de carreteras que van a Venezuela. Desde aquí hay que llegar al poblado de Uribia. Aunque no hay traslado formal hasta ahí, la oferta de transporte no escasea. Siempre hay suficientes vehículos 4x4 listos para llevarte.

En Uribia hay que tomar otra camioneta hasta Cabo de la Vela. Normalmente hay muchas ya que son el único medio de transporte y abastecimiento de las pequeñas poblaciones del desierto. Las camionetas no son tan cómodas y por lo general van llenas de gente, víveres y uno que otro animal.

Hasta Uribia el camino es pavimentado y el paisaje rural es el típico de Latinoamérica. Los pueblos son desorganizados y bulliciosos, con olores de comida y autos por todos lados. Pero, a la salida de Uribia es donde la verdadera aventura surrealista empieza.

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Al poco rato, la carretera se convierte en un gran camino de tierra. El ruido del pueblo se desvanece y solo queda el blanco y ardiente desierto. Por momentos, el camino avanza pegado a esqueléticas rieles de tren abandonadas que son el único rastro de civilización. Solo de vez en cuando, en la soledad y quietud de la ruta aparecen personas de las poblaciones Wayúu caminando hacia la nada, como un espejismo. Experimentar este viaje es alucinante.

La playa del fin del mundo

Luego de tres horas de travesía, el camino finalmente se abre a la costa desolada del fin del mundo. La camioneta avanza hasta llegar al pequeño Cabo de la Vela, un poblado de casas sencillas, tiendas de artesanías y hostales humildes al lado del mar donde la mayoría de habitaciones son hamacas debajo de techos de zinc. De noche te encontrarás acompañado por un sinfín de estrellas y de mañana unos amaneceres marcianos te despertarán.

Aparte de relajarte en la suave arena amarilla con una cerveza o de nadar en las cálidas aguas caribeñas, también podrás practicar Kitesurf. Los firmes vientos y mansas aguas de Cabo de la Vela lo hacen el lugar perfecto para este deporte.

Si deseas estrechar las piernas, cerca del pueblo queda el ‘Pilón de Azúcar’, una pequeña montaña arenosa en la punta de la bahía. Es fácil de escalar (toma solo 15 minutos) y desde la cima tendrás una vista única de 360 grados.

Punta Gallinas

Pero, esto no es todo. La joya de la corona de esta mágica región todavía queda por descubrir: Punta Gallinas. Si esta zona fuera una montaña, Cabo de la Vela sería el campamento base y Punta Gallinas la cima.

Punta Gallinas está en la punta norte extrema de nuestra querida Sudamérica. Para llegar deberás tomar un 4x4 en Cabo. El camino dura 3 horas y cruza paisajes similares a los anteriores pero más dramáticos y más inhóspitos.

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Al llegar a Punta Gallinas encontrarás unas pocas casas de adobe. Todo es muy silencioso y vacío. El tiempo no existe. Hay prácticamente un solo lugar de hospedaje de hamacas y un solo restaurante. Aunque esto pueda sonar un poco deprimente, la experiencia recontra vale la pena.

A más de sus hipnotizantes playas, se puede visitar el abandonado faro que marca el fin del continente, la bella Bahía Hondita y sus flamencos rosados y jugar en las dunas Taroa, todo en completa paz y soledad.  

Viajar a Cabo de la Vela y Punta Gallinas es viajar al fin del mundo y al fin de los tiempos, a una época post humanidad donde solo ha sobrevivido la arena y el mar, a una dimensión paralela pintada por Dalí. De los cientos de hermosos sitios turísticos de Colombia, Cabo de la Vela es de los más subestimados y más únicos. Si te gusta la aventura y explorar lugares raros e inéditos, Cabo de la Vela está guardado para tí.

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